El jamón ibérico es el paradigma de máxima calidad en el conjunto de productos gastronómicos españoles. Sus cualidades son únicas por su presencia -pezuña negra o ligeramente veteada, caña muy fina, forma alargada, corte serrano en V, grasa de cobertura amarillenta y exudados naturales de mohos-, corte -con color rojo intenso, grasa intramuscular muy veteada y casi transparente-, aroma -intenso y penetrante- y sabor -jugoso, redondo, permanente, ligeramente salado y con toques dulces-, le han hecho merecedor de fama universal.
Es un producto muy limitado y escaso que se encuentra sujeto, como tal, a imitaciones que en nada se parecen al original.
El jamón de Bellota de Señorío de Montanera procede de cerdos ibéricos puros alimentados con bellota.
Las piezas están marcadas con un precinto de un color diferente para cada añada y en el que va asociada toda la trazabilidad de la pieza (finca de procedencia, reposición en bellota, peso en canal, fecha de perfilado, fechas de estancia en secaderos y bodegas…). Los elaboramos siempre de forma tradicional y su periodo de curación dura entre 30 y 40 meses.
Las piezas tienen un peso que oscila entre 7 y 7,65 kg. Se presentan con cuerda de atado de trenzado doble -color amarillo y verde- doble precinto y una vitola de Señorío de Montanera. Los jamones van envueltos en papel de regalo, malla, saco de malla verde serigrafiado y, cuando es necesario, en caja individual de regalo.
Adecuadamente cortado deben obtenerse entre 40 y 50 raciones de 90 gr. por jamón.
La temperatura ideal de consumo está entre 18ºC y 24ºC.
Jamón Ibérico de Bellota:
Procede de cerdos ibéricos que son alimentados exclusivamente con hierbas y bellotas durante la "montanera", campeando por las dehesas.
Consejo:
Cada jamón ibérico es una pequeña obra de arte de la naturaleza y la alimentación, por ello es necesario saber cortarla y, sobre todo, conservarla. Si bien a nivel amateur entiendo que hace falta mucha práctica y uso para lo primero, para lo que no hace falta práctica es para lo segundo. Por ello, una vez abierto conviene cubrir el corte con un trozo del tocino del inicio y una gasa o trapo, y por muy decorativo que quede en la cocina, mejor un sitio seco, fresco y oscuro.
Ya sólo recordar que no hace falta un motivo especial para comer un buen plato de jamón.